¿Dejo de ser activista del Movimiento de la Neurodiversidad?

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Creo que debo hacer una confesión…. Estoy dudando si seguir considerándome activista del Movimiento de la Neurodiversidad…

Quizás lo que me pasa es similar a lo que le pasa a quienes se identificaban con el feminismo y ahora prefieren identificarse como antipatriarcales:

Gracias a que tantos feminismos de hoy se limitan a feminismo blancos, liberales o de transodiantes y se niegan a reconocer y luchar por las mujeres más vulnerables (racializadas, pobres, trans, neurodivergentes y/o discas, entre otras) y hasta desestiman las barreras que enfrentan, hoy muchas personas que se consideraban feministas prefieren que no se les identifique con la misma palabra que a estos tipos de feminismo.

Al igual que los feminismos blancos, liberales y transodiantes que no tienen en cuenta las realidades de las mujeres más vulnerables y asumen que la mayor o incluso única opresión se vive por ser mujer, la neurodiversidad lite o ligera no tiene en cuenta las realidades de la población neurodivergente más vulnerable porque supone que la mayor opresión se experimenta por el estigma de ser Autista.

Muchísimos de los profesionales que hoy hablan de neurodiversidad, hoy la redefinen privando a la palabra de gran parte de su contenido original e incluso separándose de su origen. Niegan o deliberadamente ignoran las raíces de justicia social del movimiento y el trabajo de centenas de activistas por varias décadas.

Hace daño la mala definición, la dilución del significado, la trivialización y el utilitarismo mercantilista de quienes –sin ser Autistas– toman nuestras palabras y conceptos y los utilizan a conveniencia. Desde ahí, creo que la palabra neurodiversidad está perdiendo la fuerza que necesita para generar un cambio social… Se queda en lo estético… Asume el estigma como única barrera… O se queda como herramienta de mercadeo para vender terapias.

¿Y con qué movimientos simpatizo?

Independiente a lo anterior, llevo quizás unos tres años sintiéndome más cercana a movimientos anticapacitistas, de justicia disca (incluyendo teoría crip y disability justice) y de justicia transformativa como parte de mi activismo.

Estos movimientos que me parecen van, creo yo, más al fondo de nuestras discriminaciones, por lo que son percibidos como más radicales.

Y justamente por esa “radicalidad”, pienso que la mayoría de las personas y sistemas no están listos para incluso reconocer y trabajar para el cambio que se necesita.

Y si, puede ser falta de presunción de competencia de mi parte, ese pensar que la mayoría de personas no están listas para revisarse, transformar lo que vivimos hoy, o incluso ver su propia complicidad con el opresor.

El movimiento de la Neurodiversidad tal como se le difunde hoy en los espacios hispanohablantes por parte de numerosos profesionales, no tiene una vocación de derribar barreras, ni trabajar la accesibilidad, ni de acceder a derechos, ni de justicia social.

Quedarse en un “es Autista/neurodivergente y no enfermo/disca/loco/retrasado/etc.”, reforzando la idea de que ser enfermo/disca/loco/persona con discapacidad cognitiva/etc. es necesariamente de “menor valor social”, perjudica y no suma, termina convirtiendo las palabras neurodiversidad y neurodivergencia en eufemismos e incluso en herramientas de opresión a las personas neurodivergentes más vulnerables.

Desde esas actitudes dejan por fuera a:

  • Las personas Autistas con necesidades de apoyo más complejas
  • Las personas con discapacidad cognitiva
  • Las personas locas y/o víctimas de violencia psiquiátrica (el trastornariado)
  • Las personas con enfermedades del cerebro o el sistema nervioso

Por eso hoy en en las distintas celebraciones de la neurodivergencia no se incluye a todos… Porque están cayendo en una neurodiversidad performativa donde no hay interés por la justicia social y sí hay mucho de fortalecer el negocio que les suponen nuestras neurodivergencias. Para muchos es un día adicional a los existentes que usan para promocionarse y autofelicitarse en su labor profesional.

¿Por qué sigo entonces hablando de Neurodiversidad?

Me pasa, al igual que con palabras como espectro autista, que me está cansando corregir a las personas sobre lo que significan las palabras y conceptos.

Y aun así sigo corrigiendo porque sus malas definiciones diluyen la fuerza y afectan nuestro acceso a derechos humanos. Algunos hasta creen que suman a la definición, cuando en realidad restan porque no hacen las preguntas clave: ¿Quién está quedando por fuera? ¿Qué derechos humanos están siendo vulnerados?

Desde el cuidado, yo no puedo pedir este cambio de paradigma de un momento a otro. No puedo pedir siquiera el rechazo total del paradigma médico cuando tantos de nosotros requerimos medicación para tolerar las exigencias de un mundo que no contempla nuestras necesidades de acceso o requerimos un diagnóstico por profesionales para exigir los ajustes razonables que por ley nos corresponden.

Desde el cuidado, no puedo privar a las personas las herramientas que tienen hoy para sus ajustes razonables y para que se respeten sus derechos humanos, sin haber construido aún otra red de apoyos comunitarios y sociales que suplan lo que tanto cuesta hoy conseguir.

Tampoco puedo pedir que dejen las redes de apoyo que han construido, así sea desde el supremacismo.

Parte de ese permanente auto cuestionamiento es el motivo por el cual la frase que uso en mis páginas es “Autista cuestionando paradigmas”. Pero mi cuestionamiento no implica decirles a los demás qué paradigmas apoyar o “sumarse”. Me quedo en describir lo que observo y mis revisiones personales por si a alguien más le son útiles.

Porque no solo es cambiar de un paradigma a otro, sino estar en una permanente evolución y revisión y además de construir una red de apoyo para el paso de un paradigma a otro. Por eso para mí es tan importante reconocer, honrar y nombrar el origen de los movimientos de los que hago parte.

Y en el Movimiento de la Neurodiversidad es fundamental reconocer su origen en los movimientos de autodefensa de personas con discapacidad intelectual , además de su foco inicial en ampliar los movimientos de derechos humanos para personas discapacitadas (que en el momento en que se nombró la neurodiversidad por primera vez incluía nada más a personas con discapacidades sensoriales, motrices y mentales).

Han pasado décadas desde el nacimiento del Movimiento de la Neurodiversidad y, por supuesto, que los activismos y los movimientos necesitan ser permanentemente cuestionados y revisados. Es necesario hacer esto, sobre todo a la luz de las diferencias y opresiones que afectan a la comunidad que buscan liberar.

Bien decía Audre Lorde: “No podemos llevar luchas de un solo asunto porque no tenemos vidas de un solo asunto.”

Por eso en gran parte elijo nutrirme de paradigmas y movimientos que tienen entre sus herramientas la interseccionalidad. Y me pregunto constantemente ¿Quién queda fuera en acceso a justicia social?

Sobre todo, si nuestra búsqueda es la liberación de la opresión capacitista, es necesario revisar el capacitismo que nos discrimina desde los distintos paradigmas… Y el capacitismo es muy difícil de autorrevisarse si no lo experimentas y te niegas a escuchar a quien te lo hace ver. 

Es por eso que este camino de liberación, este camino de transformación y este camino de cuestionamiento no puede darse desde la dirección que dicta nuestro opresor, no importa qué tan bien intencionado esté.

Y todo familiar no autista, todo terapeuta no autista, todo investigador no autista va a oprimirnos sin querer, porque tienen una experiencia del autismo y la discapacidad interpretada y no vivida. Son nuestros opresores aunque también sean aliados. El ser aliados no les quita lo opresores.

Considero más peligrosos aún aquellos opresores que van dictando la dirección de nuestro activismo, pues en el mejor de los casos tienen una visión condescendiente al decidir lo mejor para nosotros. Y demasiadas veces no es solo condescendencia sino opresión desde un abuso soterrado que suele incluir además una exigencia de labor emocional –que esperan que sea gratuita y amable– o hasta un robo de ideas con las que hacen contenidos virales sin dar ni crédito ni pago a su autor. (No importa si el autor es una comunidad o un individuo de dicha comunidad).

Nuevamente, cito a Audre Lorde:

“Las herramientas del amo nunca derribarán la casa del amo.”

Y mucho menos cuando ese amo, ese opresor –sea consciente o no de su rol de opresor– se beneficia económicamente y de tantas maneras de nuestra opresión.

¿Por qué no animo a otros a seguir mi mismo camino?

Como Autista hoy no me animo a criticar o juzgar a otras personas Autistas por las herramientas que les sirven. No llevo su proceso, no vivo sus vidas, no tengo acceso a las mismas herramientas.

Reviso, eso sí, sus juicios hacia mis herramientas conocidas para saber si caen en falacias de hombre de paja. Cosa que es muy frecuente por parte de Autistas y no autistas.

¿Creen es correcto criticar y “evolucionar” las herramientas que tenemos hoy como son el movimiento de la Neurodiversidad y los movimientos de Derechos Humanos para las personas discas, si no los conocen a profundidad y si se critican tantas veces desde lo que imaginan o desde las más populares interpretaciones de no autistas?

Creo que no podemos construir una Transformación Social desde la dirección que da nuestro opresor. Opresor que curiosamente dice querer liberarnos, pero lo hace hablando mal de las herramientas que más o menos nos funcionan hoy. No me importa si lo hace desde el desconocimiento, o desde una mala fe… lo hace sin nosotros.

Nuestras herramientas es cierto, no son perfectas, es cierto que les falta mucho y es cierto que siguen siendo enormemente insuficientes. Pero siguen siendo ampliamente mejores que tantos cambios de estética, desprovistos de profundidad y de reconocimiento de nuestras barreras. Siguen siendo ampliamente mejores que aquellas herramientas que, aunque vendan su mensaje como “positivo”, siguen exigiendo que el esfuerzo recaiga exclusivamente en las personas autistas, incluso si ese esfuerzo es un “cambio de actitud”.

Aun así no considero positivo que de un momento a otro (y repito, al menos no sin construir alternativas accesibles a todas las personas Autistas de las herramientas que aseguran nuestros ajustes razonables hoy) tirar a la basura lo que tenemos sin conocer sus aristas, sus detalles, lo que funciona, lo que se puede adaptar, lo que se puede rescatar, lo que se puede traer si no lo conocemos a profundidad.

El movimiento de la Neurodiversidad tal como se le difunde hoy en los espacios hispanohablantes por parte de numeros profesionales, no tiene una vocación de derribar barreras, ni trabajar la accesibilidad, ni de acceder a derechos, ni de justicia social.

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